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“La Estética Del Voyeurísta” 1a Parte Por Cesar Holm

- Lo que seduce, nunca suele estar donde se piensa…

Zoom.

Gustavo Cerati.

Lo primero que habría que cuestionarse es, si realmente existe la posibilidad de que el voyeurísta cuente con un parámetro estético, es decir, que exista una estética voyeurísta.

Para justificar tal postulado debo remitirme a algunos textos de Kant y así marcar una diferenciación entre 2 clases de belleza, la belleza libre (pulchritudo vaga) lo que es bello por su naturaleza y la belleza adherente (pulchritudo adhcerens) esta última es la que nos concierne ya que cuenta con una intención y concepto particular.

El voyeurísta es un gourmet de la mirada, encuentra el placer en lo que su contemplación alcanza, sus obsesiones siempre están a la distancia incorruptible del nicho de su objeto.

Este sibarita de la imagen establece sus propias reglas, sin transgredir más allá de la intimidad del otro, además de resguardar celosamente su anonimato.

Su historia está basada en la eterna dualidad sexo-placer, aunque se le ha encasillado al terreno carnal y satanizado por algunas instituciones como la iglesia, quien irónicamente, con su absurdo veto genera una sobrestimación del sexo como obsesión de lo prohibido, creando sin proponérselo el terreno perfecto para una de las industrias más poderosas hasta hoy en día, la señora pornografía.

Quien se jacte de ser voyeurísta podrá narrarnos como es que superó este bombardeo de pelos, pezones y nalgas con que somos violentados hoy en día desde el puesto de periódicos hasta la red, ya que el voyeurísta cuenta con un gusto refinado y un criterio para determinar qué es bello, lo que no lo es y porqué. Es aquí donde nace y se hace una estética, la estética del voyeurísta.

La fotografía cumple un papel fundamental para el reconocimiento y desarrollo de múltiples voyeurs, que sin darse cuenta van alcanzando la madurez necesaria para formar un gusto. Veámoslo así . La fotografía es en realidad, la materialización de esa discreta sociedad entre el fotógrafo y el espectador, ambos controlan y someten a sus tiempos y conceptos, a quien es fotografíado (observado), el fotógrafo (observador) sede su lugar a su socio (espectador) para que contemple por esa cerradura al objeto del deseo en común y lo haga con todo el tiempo del mundo.

Muchos han sido los gurús que con sus obras nos han abierto lo ojos, quitado la vergüenza y dado forma gráfica a nuestros sueños y fantasías, es el caso Étant données de Duchamp,

Esta pieza nos coloca justo en un punto donde podemos observar y suponer que no somos observados. Pero un ejemplo más contemporáneo me remite a Merry Alpern con Dirty Windows y su particular mirada de socióloga hace un reconocimiento al morbo como uno de los motores que nos llevan a hurgar desde el sótano del edificio donde vive y logra atisbar en las realidades y fantasías de un burdel clandestino frente a su departamento, pero claro que nosotros cubriremos ese morbo con nuestros intelectuales lentes para justificar esta rara fascinación y teorizarla con pretextos conceptuales.

Esta eterna complicidad se rige por un poder muy sutil, el de la mirada, la observación, el sometimiento a partir de la vigilancia, este poder pasivo y en muchas de las circunstancias hasta autorizado o permitido ha expuesto nuestra privacidad a través de cámaras en los bancos, edificios, hasta la privacidad de nuestra habitación con la adaptación de la web cam.

El menaje a trua que vive entre el fotógrafo, objeto de contemplación y espectador, son el vivo ejemplo de un amor eterno y este romance consiste en una sola cosa, la fijación sobre el cuerpo como objeto de contemplación, Ricardo Castillo lo plantea así: -¿de qué estamos hechos que tocarnos nos gusta tanto?, en el caso del voyeur, sería: ¿qué hay en ti?,Que mirarte me gusta tanto.

A estas alturas del partido y a estas alturas de este texto, no queda más que asumir y aceptarse como un voyeurísta de talante y en algunos casos, de talento, cuando tenemos la oportunidad de estar detrás de la cámara y controlar o manipular nuestras propias obsesiones, miedos y fascinaciones de quien fotografíamos y para quien hacemos foto.


  • Turuntuneando - Interesante texto… que podría decirse es el elogio de la mirada perversa, ya que, el vouyerista fotográfico no es un simple mirón que se masturba, sino que, tiene un fin y hasta una técnica, hace de la intromisión su placer disfrazado de venerable arte… Seguiré pendiente.

    Acá en Tabasco tenemos un grupo -yo participo en el- que se llama “El ojo intruso”.
    Saludos y saludReplyCancel

  • cesar holm - gracias turuntuneando… ojalá se de la oportunidad de continuar con el tema en su espacio.
    un saludo para “el ojo intruso”ReplyCancel

  • itztlini - Ya veo que si estás trabajando

    Felicidades!ReplyCancel

  • jc urbina - Al maestro con cariño, mi querido amigo, el buen Cesar Holm,,, la mirada me remite al pasado reciente, donde ayer hubo y quedo manifestada esa imagen de una creción,,, Aurora en la azotea,,, gracias, ser espector donde se contempla la belleza sin igual, sería inperdonable no hacer un registro fotografico para la memoria recordar, un abrazo.
    Capitan Urbina…ReplyCancel

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