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Exposición de Fotografía: “Jessica Lange in Mexico”

El Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, The Rose Gallery y el Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo, presentan la muestra:

Jessica Lange in Mexico
Fotografías de Jessica Lange

Jueves 27 de enero de 2011
19:00horas

Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo
M. Bravo 116 esq. García Vigil
entrada libre


Un lugar llamado Para siempre
Julio Trujillo

A través de una lente, toda mirada es extranjera. Incluso los objetos y los rostros más familiares, vistos de este lado de la cámara, se alienan ligeramente, nos desconocen o los desconocemos. Más aún: basta con encuadrar con nuestras manos un fragmento elegido de “la realidad” para que ésta se transforme, se distancie y exija de nuestra mirada un enfoque artificial, deliberado, valiente. Del iris del artista surge, entonces, una nueva “realidad”, también entrecomillada porque ninguna es más o menos que la otra, ninguna es total, no somos plenamente de ninguna.

Jessica Lange ve el mundo a través de la mirilla de su asombro, que no es exactamente lo mismo que verlo, después, a través del objetivo de su cámara. Primero hay que saber ver. El primer encuadre es instintivo.
Antes de alzar la cámara a la altura de los ojos, la fotógrafa ya está editando lo que ve, apropiándoselo. De ahí la extranjería de todo artista: transforma lo que toca, lo hace suyo, ya sea en un confín del orbe o en la cocina de su casa. Es por ello que el México de Lange, lejos de uniformarse en la estética de la postal o del folclor (un turista es un turista), adquiere una poderosa relevancia al presentársenos tan cercano y tan lejano, tan verosímil pero tan irrepetible, tan nuestro pero tan de ella. Las parejas que una y otra vez protagonizan sus fotografías, por ejemplo, las hemos visto mil veces.

Están en los parques, en las esquinas, en las pistas de baile, en los portones, recargadas en los barandales. Se besan, se abrazan, se dicen confidencias al oído. Sí, pero los ojos de Lange nos enseñan a verlas por vez primera, como si fueran parejas indispensables para el equilibrio del mundo, únicas, frágiles y graves al mismo tiempo. De hecho, lo son. Su trascendencia es la misma que la de esos perros que, en el momento del click, son el centro del cosmos: perros que nos ignoran soberbiamente, pero que nosotros no podemos ignorar después de que Lange los salva del olvido. Esas humildes y portentosas estatuas, poseedoras de una triste dignidad, son los perros de México de todos los días. Porque, al contrario de otros fotógrafos, que están a la caza del momento inusitado, la lente de Lange rescata lo que siempre ha estado ahí y que, por esa misma razón, solemos dar por sentado: la vida misma, pero encuadrada y en blanco y negro, transfigurada, como si la fotógrafa nos devolviera esa vida en pedazos de eternidad. Una buena foto es eso, un pedazo de eternidad.

Aquel hombre de espaldas, con un costal a cuestas, enmarcado clásicamente por un arco de piedra y que está abriendo una reja desvencijada, ¿a dónde está a punto de ingresar? A un lugar llamado para siempre. No importan los lugares específicos, tampoco las fechas de estas fotografías, sino que son pertinentes en el tiempo. Están para quedarse: la fotógrafa las ha dotado de trascendencia. Y hablan por sí mismas, son tan elocuentes que no requieren de un título que las presente. Y son autorreferentes: aquella es un hombre en bicicleta, ésta es una mujer en una zapatería. No pretenden ser más de lo que son, pero tampoco menos: hay una especie de absoluta puntualidad en ellas, como si un segundo después de haberla salvado, la mujer de la zapatería desapareciera para siempre en los pliegues del tiempo.

Entendemos, después de observar detenidamente estas imágenes, que a Jessica Lange le importe menos que sean bellas a que sean necesarias. Lo fueron en su momento para ella, y lo son ahora para nosotros. Una pequeñísima figura se aleja de nosotros mientras pasa junto a un carrusel de circo: observarla es descubrir que nada nos importa más que ella, ahí, aquí, para siempre.


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